Internet y las redes sociales han hecho palpable una realidad que llevamos tiempo escuchando: estamos en la Era de la información, en mayúsculas. Eso no significa que la información tenga más valor ahora que nunca, claro. La información siempre ha sido poderosa; conocimiento y poder siempre han ido mano a mano. La diferencia, lo que distingue nuestra generación, es otra cosa: es que la información está a nuestro alcance.

No toda, claro, pero cada día más y más información está a nuestro alcance, y en pocos minutos nos podemos convertir en expertos de cualquier tema. ¿Que quieres saber cómo se dice “gato” en islandés?[1] ¿O cómo funciona el sistema parlamentario en Estados Unidos? ¿O qué tiempo va a hacer mañana? Una búsqueda rápida en internet te lo responde. Información es poder, porque cuantas más cosas sabes—o puedes saber—más formadas van a ser tus opiniones y tus acciones.

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Sin embargo, el deseo de información y la necesidad de información no deben confundirse. Los ejemplos de arriba son lo primero: nos gustaría poder hablar todos los idiomas del mundo (a mí, por lo menos), pero no los necesitamos para sobrevivir. Hay otro tipo de información que sí, que nos facilita la vida, que nos proporciona seguridad y nos ahorra grandes dosis de ansiedad. Saber por saber está muy bien, pero ser capaz de saber más para vivir mejor es un privilegio reciente que deberíamos aprender a aprovechar al máximo.

Y la cosa no acaba aquí. Tener información o ser capaz de accederla gracias a Internet es sólo parte de lo que nos hace más poderosos que nuestros antepasados. La otra parte, la que es realmente revolucionaria, es la que nos proveen las redes sociales y que está, no sólo en recibir información, sino en crearla, modificarla y difundirla.

Las redes sociales han convertido al usuario en algo más que un consumidor: ahora somos también creadores—agentes activos en la Era de la información. Los roles se subvierten y ya no están tan claros, todos consumimos y creamos. Hay ejemplos de esta realidad cada día: las noticias muestran vídeos y comentarios de manifestaciones de los asistentes porque son capaces de capturar lo que las televisiones no pueden, gente denuncia injusticias en el twitter donde todo el mundo puede verlo, y los movimientos sociales empiezan en el chat del Facebook. Eso es lo que se llama inteligencia colectiva.

Usuarios de toda la red comparten ahora sus experiencias y sus conocimientos en todas las direcciones, sin claro emisor ni receptor. Colgamos álbumes de fotos en Facebook, o en Flickr, y nuestros amigos les añaden etiquetas; Twitteamos, y nos twittean de vuelta políticos y celebrities; leemos las noticias online, y las discutimos con otros lectores en los comentarios. Sin ir más lejos, mi pasatiempo favorito es hablar de libros que leo en Goodreads, y discutirlos y clasificarlos con otros lectores. Todo eso contribuye a la creación de contenido digital.

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No todo son ventajas. El problema ahora precisamente es que nos sobra contenido digital, que nos bombardea y que la mayoría no es ni remotamente relevante. De argumentos contra los irreverentes e irrelevantes tweets, contra las constantes actualizaciones al muro del Facebook, o contra los múltiples selfies en Instagram, pueden hacerse muchos. Sin embargo, la solución no se encuentra en limitar la libertad de expresión o en reducir la democracia en la red. La solución se encuentra en los profesionales de la información y los gestores del conocimiento.

No basta con tener una cantidad inconmensurable de información al alcance de tus manos. Lo que te dará poder, lo que es realmente útil, es ser capaz de distinguir la parte de información que te interesa, de separarla de lo superfluo, y de clasificarla para ser capaz de acceder a ella siempre que quieras. Eso requiere práctica, requiere esfuerzo, conocimientos y herramientas, y no todo el mundo se lo puede permitir. Es por eso que recolectar, archivar, y distribuir contenido online profesionalmente es importante. Equivale a dar voz a los que nunca antes la habían tenido, a poner sus palabras en tus manos y las tuyas, en las de quien quieras. El poder de la información es tuyo, ¿qué vas a hacer con él?

 

[1] Köttur, “gato” en islandés es köttur.

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