Según Jeffrey Sachs, asesor especial del secretario general de la ONU para los Objetivos de Desarrollo del Milenio “El teléfono móvil es hoy el instrumento más potente en sí mismo para luchar contra la extrema pobreza, las enfermedades curables y el hambre”.

UN estudio reciente del GSMA recoge que en África Sub-Sahariana hay 367 millones de personas suscritas en compañías de telefonía móvil. El crecimiento de suscriptores más importante ha tenido lugar en 2015 con un aumento del 15% en lo que va de año. La mayoría de los suscriptores hacen uso de servicios de #MobileMoney, un envío de dinero sin intermediarios bancarios a través de una operadora móvil. Ello ha supuesto un avance significativo en África teniendo en cuenta que la mayoría de personas no tiene una cuenta bancaria pero sí que poseen un teléfono móvil. Con los envíos de dinero vía un servicio que no requiere internet, se puede disponer de dinero en efectivo en cualquier lugar y para cualquier emergencia. El #MobileMoney fue el inicio de los servicios a los que se puede acceder con un solo click y de ahí han proliferado apps con el aumento de la presencia de smartphones en el continente.Más allá de las apps comerciales, han surgido aplicaciones para contribuir a un mejor acceso a la sanidad, educación, transparencia y rendición de cuentas, agricultura, etc.
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En Uganda, más del 80% de la población vive en zonas rurales y se dedica a la agricultura y la ganadería, para ellos el uso del móvil es imprescindible más allá de contactar con sus familiares y conocidos, realizar transacciones o recibir informaciones via sms o apps del precio de las cosechas, el tiempo o intercambiar información acerca de educación, salud o infraestructuras con iniciativas como U-report.

En Kenya, su capital Nairobi se está convirtiendo en el “Sillicon Valley” o «Savannah valley» africano, pero ¿el avance tecnológico supone per se un avance en el desarrollo y el bienestar de las personas?. El debate lleva ya un tiempo sobre la mesa. Mientras las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se están transformando en tecnologías del empoderamiento y la participación ciudadana (TEP), según UNCTAD entre 2006-2011, la desigualdad de los ingresos aumentó en la mayoría de los países del mundo y, en los dos últimos decenios (1990-2010), esa desigualdad se incrementó un 11% en los países en desarrollo.

Eliminar la desigualdad y suprimir las diferencias en el acceso a los recursos es, por tanto, uno de los mayores retos al que las nuevas tecnologías se enfrentan para contribuir su erradicación si estás son aplicadas para, por ejemplo, para erradicar la pobreza, generar empleo y promover la consecución de varios objetivos de desarrollo. Sin embargo, como ya se apunta en la Nueva Agenda del Desarrollo 2030, toda idea, proyecto objetivo de desarrollo o aplicación móvil debe ser sostenible en el tiempo para que su impacto social sea relevante.

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